Los saberes y prácticas que rodean al pan dulce tradicional fueron declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México. El reconocimiento, publicado en la Gaceta Oficial capitalina, no se limita a piezas como conchas, cuernitos, donas u orejas: comprende el conjunto de conocimientos, técnicas, recetas, procesos artesanales y prácticas sociales que sostienen la elaboración, distribución y consumo de estos productos.
De acuerdo con información publicada por El Universal, el decreto considera que estas prácticas forman parte de la memoria colectiva, las tradiciones, las costumbres y las celebraciones familiares y comunitarias de la capital. También destaca el conocimiento transmitido por generaciones dentro de la comunidad panadera.
La declaratoria coloca en el centro del reconocimiento a las personas que conservan y recrean el oficio. Es decir, protege culturalmente los saberes de quienes preparan masas, usan hornos, desarrollan recetas, nombran las piezas y mantienen formas de trabajo que forman parte de la vida cotidiana de muchas panaderías de la ciudad.
El reconocimiento se enfoca en el oficio, no en un producto aislado
El proceso para obtener la declaratoria avanzó desde agosto. Durante la Primera Sesión Extraordinaria de 2026 de la Comisión Interinstitucional del Patrimonio Cultural, Natural y Biocultural de la Ciudad de México se presentó la solicitud para reconocer los saberes y prácticas del pan dulce tradicional, según reportó El Financiero.
La propuesta planteó que el pan dulce debe entenderse como un sistema cultural más amplio que las piezas exhibidas en vitrinas. Bajo esa perspectiva, incluye las técnicas de elaboración, el conocimiento especializado de panaderas y panaderos bizcocheros, la diversidad de recetas y denominaciones, así como las prácticas mediante las cuales el oficio se aprende en talleres, negocios familiares y espacios de trabajo.
Esta distinción es relevante porque el patrimonio cultural inmaterial se refiere a prácticas vivas. No equivale a registrar una receta única ni a fijar una versión oficial de una concha, una mantecada o una chilindrina. El objetivo es reconocer un conjunto de conocimientos que se adapta con el tiempo, pero que mantiene vínculos con la identidad, el trabajo y la convivencia de las comunidades que lo practican.
En ese sentido, la declaratoria tampoco convierte automáticamente a todas las variedades de pan dulce en bienes protegidos de manera individual. El énfasis está puesto en los procesos y en las personas portadoras de los saberes: desde la preparación de ingredientes y el manejo de la masa hasta las formas de horneado, decoración, venta y consumo que han dado continuidad a la tradición.
Plan de salvaguardia y responsabilidades institucionales
La publicación del decreto establece que la protección y preservación de los saberes y prácticas del pan dulce tradicional deberán seguir un Plan de Salvaguardia emitido por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, de acuerdo con El Universal. Ese instrumento debe orientar las acciones de documentación, investigación, difusión y preservación relacionadas con esta expresión cultural.
El decreto también instruye a la Secretaría de Cultura capitalina a realizar las notificaciones correspondientes conforme al artículo 58 de la Ley de Patrimonio Cultural, Natural y Biocultural de la Ciudad de México. Sin embargo, la información revisada no detalla todavía el calendario, presupuesto, mecanismos de participación ni metas específicas que tendrá el Plan de Salvaguardia.
Por ello, uno de los aspectos a seguir será la manera en que el reconocimiento se traduce en acciones concretas para las comunidades panaderas. La declaratoria abre una ruta institucional para visibilizar y resguardar el oficio, pero su alcance dependerá de la ejecución de las medidas previstas y de la participación de quienes elaboran pan de manera cotidiana.
Una tradición presente en la vida cotidiana capitalina
La solicitud presentada ante la Comisión Interinstitucional identificó al pan dulce como una práctica con valor histórico, gastronómico y cultural, vinculada con la vida diaria y la memoria de las familias. La Cámara Nacional de la Industria Panificadora, Pastelera y Similares de México sostuvo, durante el avance del proceso, que el expediente representaba los conocimientos y la creatividad desarrollados por las y los maestros panaderos.
La discusión pública alrededor del reconocimiento también ha insistido en que el valor del pan dulce no reside solamente en su consumo. La cadena de conocimientos incluye el aprendizaje del oficio, la adaptación de recetas, la variedad regional de nombres y formas, así como la continuidad de negocios y talleres donde estas técnicas se comparten de manera práctica y oral.
Como parte del contexto de la declaratoria, la Ciudad de México anunció la primera edición del Festival del Pan Dulce Mexicano, programada del 11 al 13 de septiembre en la Utopía Elena Poniatowska Amor, en Coyoacán. Según El Universal, el encuentro contempla la participación de más de 30 productores de distintas regiones del país y busca mostrar técnicas y sabores asociados a la panadería tradicional.
Con la declaratoria ya formalizada, el reto será evitar que el reconocimiento quede sólo en una distinción simbólica. La preservación de un patrimonio inmaterial requiere que los conocimientos sigan practicándose, que las comunidades tengan participación en las decisiones y que las futuras acciones institucionales documenten la diversidad del oficio sin reducirlo a una imagen única del pan dulce capitalino.
Fuentes consultadas
- El Universal: Pan dulce ya es Patrimonio Cultural Inmaterial de la CDMX; decreto ya fue publicado en la Gaceta Oficial
- El Financiero: Pan dulce será Patrimonio Cultural Inmaterial de CDMX
- El Universal: CDMX tendrá su primer Festival del Pan Dulce Mexicano
Imagen ilustrativa. Foto de Israel Torres en Pexels.

