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Ciudad de México tiene agua suficiente, pero requiere mejor eficiencia: José Mario Esparza

La Ciudad de México sí tiene agua suficiente, pero necesita usarla con mayor eficiencia. Esa fue la postura que defendió José Mario Esparza Hernández, secretario de Gestión Integral del Agua del gobierno capitalino, en una entrevista publicada por EL PAÍS el 6 de febrero de 2025. El funcionario afirmó que el problema no es solo la disponibilidad del recurso, sino la forma en que se administra, se distribuye y se aprovecha en una ciudad donde las fugas, la infraestructura envejecida y la presión sobre el sistema hidráulico siguen siendo parte del debate público.

De acuerdo con la publicación original, Esparza resumió así el diagnóstico: en la capital “hay agua”, pero el reto es volver más eficiente el sistema. En esa misma línea, la propia Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México había planteado meses antes que la estrategia hídrica de la administración de Clara Brugada se centraría en un nuevo modelo de gestión, con atención especial a la eficiencia, la reparación de fugas y la coordinación entre dependencias y alcaldías. En un mensaje oficial, el secretario señaló que el indicador de agua no contabilizada y la eficiencia son claves porque el objetivo es “ser más eficientes con el agua que tenemos”.

El contexto que acompaña esa declaración ayuda a dimensionar la discusión. La Ciudad de México mantiene una amplia cobertura de agua potable, pero no toda la población recibe el servicio de manera constante. La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2023 del Inegi reportó que en la capital el indicador de “suministro constante” fue de 58.4%, un dato que refleja la intermitencia que persiste en muchas zonas urbanas. Además, la misma encuesta mostró una baja percepción sobre la calidad del agua para consumo humano: solo 20.2% de la población capitalina consideró que el agua es bebible sin temor a enfermarse.

Esas cifras ayudan a explicar por qué el discurso oficial insiste en la eficiencia. Más allá de la disponibilidad física del recurso, el sistema enfrenta pérdidas en la red, fallas en el drenaje y problemas de distribución desigual. En otro posicionamiento gubernamental difundido por la administración capitalina, Brugada sostuvo que el objetivo es garantizar agua “suficiente, potable, salubre, segura, agua accesible, asequible, de calidad”, mientras que el secretario de agua detalló que una de las prioridades será la detección y reparación de fugas profundas.

Una ciudad con cobertura amplia, pero servicio irregular

La tensión entre disponibilidad y acceso no es nueva en la capital. El tema ha sido documentado durante años por especialistas y por el propio gobierno local. En un reportaje previo de EL PAÍS, publicado en agosto de 2024, se describió a la Ciudad de México como una urbe que simultáneamente se inunda y sufre carencias de agua. Esa paradoja resume una parte importante del problema: la ciudad recibe lluvias intensas en temporada, pero también depende de una infraestructura que no siempre logra captar, distribuir y almacenar el líquido de manera eficaz.

La administración local ha insistido en que una parte central de la solución pasa por modernizar la operación del sistema hidráulico. A fines de 2024, el gobierno capitalino anunció la creación de una dependencia específica para la gestión integral del agua, con José Mario Esparza al frente. El objetivo político y técnico de esa reorganización fue concentrar esfuerzos en la administración del recurso, la reparación de fugas y la planeación de obras de mediano plazo.

En ese sentido, la frase del secretario no significa que el problema esté resuelto, sino que la lectura oficial descarta una escasez absoluta inmediata en la ciudad. El planteamiento es distinto: el agua existe, pero la ciudad la pierde, la distribuye de manera desigual o la aprovecha por debajo de su potencial. Esa visión coincide con diagnósticos de años anteriores sobre la necesidad de una transformación estructural del sistema de gestión hídrica en la capital.

Fugas, redes viejas y presión política

El debate sobre el agua en Ciudad de México suele activarse con fuerza en temporada de estiaje y durante periodos de calor extremo. Sin embargo, en la práctica, el tema cruza también la conversación política, la planeación urbana y la infraestructura básica. Los anuncios del gobierno capitalino sobre campañas contra fugas, rehabilitación de plantas potabilizadoras y programas de drenaje muestran que el diagnóstico de Esparza se apoya en una agenda pública concreta: intervenir la red y reducir pérdidas para que el sistema sea más eficiente.

La dimensión política tampoco es menor. La gestión del agua se ha convertido en una de las banderas de la administración de Brugada, tanto por el impacto cotidiano en la población como por la relevancia que tendrá en la preparación de la ciudad para eventos de gran escala y para temporadas de lluvias más intensas. En ese escenario, las declaraciones de Esparza funcionan también como una señal de continuidad en el discurso oficial: no se trata de negar la crisis, sino de plantearla como un problema de administración, inversión y coordinación institucional.

El reto, según el propio gobierno capitalino, es que esa eficiencia se traduzca en mejoras visibles para la población: menos fugas, mejor abastecimiento, mayor calidad del agua y una operación más confiable de la red. Por ahora, la discusión sigue abierta entre el diagnóstico oficial y la experiencia cotidiana de miles de habitantes que reciben agua de forma intermitente o desconfían de su calidad.

Fuentes consultadas

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