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Detectan cadmio en alimentos de consumo común en la CDMX; especialistas piden monitorear suelos de cultivo

Dos mujeres conversando cerca de una pared colorida en Ciudad de México, destacando la vida urbana y la interacción.

Foto ilustrativa de Israel Torres en Pexels.

Un estudio académico difundido por la Universidad Iberoamericana advirtió la presencia de cadmio en alimentos de consumo común comprados en la Ciudad de México y pidió reforzar el monitoreo de suelos agrícolas para ubicar zonas contaminadas y diseñar acciones de remediación.

La investigación, titulada Dietary Risk Assessment of Cadmium Exposure Through Commonly Consumed Foodstuffs in Mexico, analizó 143 alimentos adquiridos en la capital del país y encontró concentraciones detectables del metal pesado en 68.5% de las muestras. Entre los productos con mayores niveles se ubicaron hongos, lechuga romana, cacao en polvo, chocolate en polvo, tomates saladette, pan molido, barras de chocolate, chiles anchos y acelgas.

De acuerdo con la publicación de IBERO, el estudio se realizó con apoyo de investigadoras e investigadores del Departamento de Salud de esa universidad y del Instituto Nacional de Salud Pública. En el resumen académico del artículo, publicado en Foods en noviembre de 2024, se precisa que el objetivo fue medir concentraciones de cadmio en alimentos de alta compra y consumo en la Ciudad de México, así como estimar el riesgo sanitario de la ingesta teórica dentro de una dieta basada en las guías alimentarias mexicanas.

La académica Alejandra Cantoral Preciado, citada por IBERO como líder del proyecto, explicó que una de las principales hipótesis del equipo es que el metal llega a los alimentos por contaminación previa de los suelos de cultivo. En la nota institucional, la investigadora señaló que el cadmio puede incorporarse al suelo por desechos de origen humano, entre ellos residuos industriales, y que su permanencia puede prolongarse durante décadas.

“El Cd llega a los suelos de cultivo por los desechos antropogénicos”, indicó Cantoral Preciado en la publicación de la universidad, al referirse a actividades industriales como posible origen del contaminante. También llamó a las autoridades a impulsar un monitoreo sistemático de las concentraciones de cadmio en terrenos agrícolas para identificar regiones afectadas y establecer un plan de remediación.

Qué encontró el estudio

En el artículo científico consultado por Hub de Notas, los autores reportan que las mayores concentraciones se observaron en setas y champiñones, lechuga romana y cacao en polvo. El documento también señala que dos productos superaron el nivel máximo permitido: el chile ancho y la lechuga romana.

El texto académico añade que la ingesta teórica de cadmio calculada para escolares representaría un riesgo para la salud al superar en 53.2% la ingesta semanal tolerable. Para adultos y adolescentes, la exposición estimada quedó por debajo de ese umbral, aunque el trabajo insiste en la necesidad de programas de vigilancia. Esa diferencia es relevante porque el estudio no afirma que exista enfermedad en la población analizada, sino un riesgo potencial asociado a la exposición alimentaria crónica.

Los autores subrayan que los alimentos con valores detectables de cadmio pertenecen a grupos ampliamente consumidos, incluidos verduras y cereales. Por ello, el hallazgo no se limita a un solo producto, sino que abre la discusión sobre la calidad de los suelos y la trazabilidad de la contaminación ambiental en zonas agrícolas vinculadas al abasto de la capital.

Por qué preocupa el cadmio

La propia nota de IBERO recuerda que el cadmio es un metal pesado tóxico y carcinógeno. En términos de salud pública, su relevancia radica en que puede acumularse en el cuerpo y en que la exposición sostenida ocurre no solo por alimentos, sino también por otras vías ambientales, como el humo del tabaco, según la información difundida por la universidad.

El artículo institucional añade que la población infantil puede ser especialmente vulnerable ante la exposición prolongada. Por eso, las investigadoras insistieron en fortalecer el monitoreo no solo de alimentos, sino también de suelos de cultivo, para evitar que la contaminación se traslade a la cadena alimentaria.

Consultada por medios que retomaron el hallazgo, la investigación fue presentada como una primera evaluación de este tipo en alimentos de consumo habitual en México comprados en la Ciudad de México. Ese punto es importante porque el propio artículo científico reconoce que en el país existían pocos estudios previos de este tipo, lo que refuerza la pertinencia de ampliar el análisis con más muestreos y seguimiento territorial.

En esa línea, el llamado de las investigadoras no se limita a advertir sobre un alimento específico. La propuesta es construir un esquema más amplio de vigilancia que permita detectar focos de contaminación, evaluar la exposición real de distintos grupos de edad y orientar medidas de limpieza o sustitución de cultivos cuando sea necesario.

Un problema que rebasa la cocina

El hallazgo también coloca el foco en una discusión más amplia sobre suelo, industria y alimentación. Si la contaminación se origina en el terreno, como plantea el equipo de investigación, la solución no pasa solo por revisar productos en anaquel, sino por intervenir las fuentes ambientales que alimentan el problema. Esa es la razón por la que los autores hablan de remediación de suelos y no únicamente de alertas alimentarias.

De acuerdo con el estudio, la incorporación de cadmio a la dieta no depende de un solo patrón de consumo, sino del conjunto de alimentos adquiridos y de su procedencia. Por eso, la investigación concluye que hacen falta programas de monitoreo para alimentos y suelo, además de acciones regulatorias que impidan la dispersión del metal en zonas de cultivo.

El caso es relevante para la Ciudad de México porque involucra productos de consumo cotidiano y porque abre preguntas sobre el origen de los alimentos que abastecen a la capital. Aunque el estudio no plantea una alerta sanitaria inmediata, sí documenta una vía de exposición que merece seguimiento técnico y sanitario.

La publicación de IBERO y el artículo académico coinciden en la misma conclusión: la presencia de cadmio en alimentos consumidos habitualmente en la CDMX no debe leerse como un hallazgo aislado, sino como una señal para reforzar la vigilancia ambiental y alimentaria en la cadena de producción agrícola.

Fuentes consultadas


Imagen ilustrativa. Foto de Israel Torres en Pexels.

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