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El Niño se intensifica y eleva los riesgos de salud para más de 5.2 millones de personas en las Américas

Elegantes estelas de humo se arremolinan con gracia sobre un fondo oscuro, creando una imagen visual fascinante y artística.

Foto ilustrativa de Rafael Minguet Delgado en Pexels.

El fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose y podría ocasionar impactos relevantes en la salud pública de las Américas durante los próximos meses, advirtió la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La alerta, difundida por la agencia y retomada por UN News, señala que más de 5.2 millones de personas en la región están afectadas, expuestas a riesgos o viven una situación de inseguridad alimentaria aguda en un contexto de sequías, lluvias intensas, inundaciones e incendios forestales.

La OPS indicó el 18 de septiembre que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) estima una probabilidad superior a 90% de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte entre el otoño e invierno del hemisferio norte de 2026 y 2027. La organización sanitaria subrayó que el comportamiento climático no tendrá las mismas consecuencias en todos los países: algunas zonas pueden enfrentar falta de agua y calor, mientras otras tendrían precipitaciones por encima de lo habitual y posibles inundaciones.

Riesgos que van más allá del clima

El Niño es un patrón climático asociado con el calentamiento inusual de las aguas del Pacífico ecuatorial, capaz de modificar la temperatura, los regímenes de lluvia y la ocurrencia de eventos extremos en distintas regiones. Para el sector salud, sus efectos no se limitan a un aumento de temperaturas o cambios en el clima: también pueden alterar la disponibilidad de alimentos y agua segura, favorecer ciertas enfermedades y dificultar la operación de hospitales y servicios básicos.

De acuerdo con el primer reporte regional de situación de la OPS sobre el fenómeno, ocho países o territorios mantenían sequías o déficit hídrico activos; seis registraban incendios forestales con impactos o riesgos sanitarios; y cinco habían documentado daños relacionados con lluvias intensas o inundaciones. Además, ocho países o territorios habían emitido declaratorias oficiales de emergencia o alertas vinculadas con amenazas asociadas a El Niño.

La agencia precisó, sin embargo, que no todos los eventos extremos registrados pueden atribuirse de manera directa al fenómeno. Tampoco se había establecido, al cierre del periodo analizado, una correlación directa entre El Niño y resultados específicos de salud. La advertencia de la OPS se refiere a un aumento de riesgos que requiere preparación anticipada, no a la certeza de que cada impacto climático o sanitario tendrá una sola causa.

Enfermedades, humo y afectaciones a los servicios

Entre las amenazas identificadas se encuentran los padecimientos relacionados con el calor extremo; enfermedades transmitidas por vectores, como los mosquitos; enfermedades vinculadas con agua contaminada; y problemas respiratorios provocados por el humo de incendios forestales. Las inundaciones también pueden contaminar fuentes de abastecimiento, afectar viviendas y limitar la movilidad de las comunidades para acudir a servicios médicos.

La OPS alertó que los establecimientos de salud son vulnerables a daños en su infraestructura, cortes de energía y agua, interrupciones en cadenas de suministro y dificultades para sostener campañas de vacunación o la atención regular de pacientes. Estas afectaciones pueden ser más graves en comunidades con pobreza, desplazamiento, migración o acceso limitado a servicios esenciales.

En el Caribe, Jamaica, Puerto Rico y Trinidad y Tobago ya reportaban condiciones de sequía y riesgos asociados con la escasez de agua, según la actualización regional. En tanto, países del Cono Sur mantenían medidas de preparación ante una posible mayor incidencia de lluvias, inundaciones y otros eventos extremos en los meses siguientes.

Antecedentes sanitarios y llamado a prepararse

La OPS recordó que episodios anteriores de El Niño coincidieron con emergencias sanitarias relevantes en el continente. Entre ellas mencionó la reaparición del cólera en la década de 1990, las epidemias de zika y chikunguña de 2015 y 2016, así como niveles récord de transmisión de dengue durante 2023 y 2024. Estas coincidencias no implican que El Niño sea la única explicación de esos brotes, pero muestran por qué las autoridades deben vigilar cómo los cambios ambientales modifican los riesgos epidemiológicos.

En un análisis publicado en junio, la organización había señalado que las previsiones climáticas para 2026 y comienzos de 2027 apuntaban a temperaturas por encima de lo normal en buena parte de las Américas. El documento también anticipaba mayor posibilidad de sequías en zonas de Centroamérica, el Caribe y el norte de Sudamérica, además de lluvias más intensas en áreas de la costa del Pacífico sudamericano y del Cono Sur.

El director del Departamento de Emergencias en Salud de la OPS, Ciro Ugarte, sostuvo que El Niño puede afectar a la población mediante la inseguridad alimentaria, enfermedades transmitidas por vectores y agua, así como interrupciones de los servicios sanitarios. Por ello, la organización pidió fortalecer los sistemas de vigilancia y alerta temprana, garantizar la continuidad de los servicios esenciales y revisar los planes de contingencia de hospitales y redes de atención.

Las prioridades planteadas por la OPS incluyen asegurar acceso a agua segura, vacunas, medicamentos y atención médica, particularmente para las poblaciones más expuestas. El objetivo, señaló el organismo, es reducir los efectos evitables antes de que se intensifiquen las condiciones climáticas previstas para finales de 2026 e inicios de 2027.

Fuentes consultadas


Imagen ilustrativa. Foto de Rafael Minguet Delgado en Pexels.

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