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Gentrificación en la CDMX: UNAM advierte entre renovación urbana y desplazamiento vecinal

La gentrificación en la Ciudad de México no es un fenómeno nuevo ni homogéneo. Esa es la principal idea del artículo publicado por UNAM Global, que en noviembre de 2024 retomó un texto de la politóloga Lorena Umaña Reyes para describir un proceso urbano que combina renovación de espacios, aumento del valor del suelo y, al mismo tiempo, presiones sobre los habitantes y comercios de menor ingreso.

En su análisis, la autora sostiene que la capital mexicana ha atravesado transformaciones urbanas que, en distintas escalas, pueden catalogarse como procesos gentrificadores. La definición que utiliza se refiere a territorios y barrios tradicionalmente populares que se modifican mediante intervenciones públicas o privadas, elevando su plusvalía y volviéndolos más atractivos para grupos con mayor poder adquisitivo. Esa reconfiguración, añade, no sólo cambia la apariencia de la ciudad, sino también la composición social de quienes la habitan.

El texto de UNAM Global plantea que la discusión suele simplificarse cuando se habla de gentrificación únicamente como sinónimo de “mejora” urbana. La autora advierte que en la Ciudad de México se han producido cambios ligados a inversiones inmobiliarias, rehabilitación de espacios y modificaciones en el paisaje urbano, pero también desplazamientos de habitantes y de ciertas actividades económicas. En ese sentido, el fenómeno tendría ganadores y perdedores, dependiendo de los intereses involucrados.

Barrios donde el fenómeno es más visible

De acuerdo con la publicación universitaria, las colonias Roma y Condesa, Polanco y Xoco, así como zonas centrales como La Merced y Alameda Sur, han vivido transformaciones territoriales y de consumo especialmente notables. UNAM Global vincula estos cambios con el crecimiento de proyectos inmobiliarios, las modificaciones de uso de suelo, la recuperación de espacios públicos y el desplazamiento de sectores del comercio informal.

La nota también recuerda el debate en torno a la presencia de llamados “nómadas digitales”, trabajadores remotos con ingresos por encima del promedio nacional, cuya llegada a barrios céntricos ha sido asociada por distintos observadores con presión sobre precios de vivienda, inflación en servicios y alteraciones en la vida cotidiana de las colonias. Esa referencia se presenta en el artículo como parte de un proceso más amplio de revalorización urbana.

UNAM Global subraya además el caso de Xoco, donde vecinos se enfrentaron al megaproyecto Mitikah por los efectos que, según sus inconformidades, tendría sobre el tráfico, la densidad poblacional, los precios de la zona y los espacios patrimoniales. En paralelo, la publicación menciona proyectos impulsados por el gobierno capitalino para recuperar espacios bajo puentes con fines comerciales y recreativos, medidas que, aunque buscaban dignificar a comerciantes informales, también habrían provocado la expulsión de población en situación de calle e informalidad.

Una lectura que mezcla beneficios y costos

El planteamiento central del texto es que la gentrificación no puede explicarse sólo desde una óptica negativa o sólo como una estrategia de revitalización. La publicación sostiene que las políticas urbanas, las decisiones empresariales y la intervención estatal han producido beneficios para algunos sectores y desventajas para otros. Desde esa perspectiva, la ciudad gana en imagen urbana, rehabilitación y nuevas inversiones, pero pierde parte de su tejido social cuando se desplaza a residentes históricos o se encarece el acceso a la vivienda y al comercio.

La autora enfatiza que el fenómeno se ha agudizado en el siglo XXI, aunque sus raíces se remontan a procesos de transformación urbana más antiguos, ligados a la migración del campo a la ciudad y a la transición de una capital industrial a una ciudad de servicios. En esa evolución, la expansión hacia periferias y la construcción de vivienda popular de baja escala convivieron con megaproyectos urbanos que combinan vivienda, comercio y entretenimiento.

En el marco de la discusión pública sobre el derecho a la ciudad, el texto de UNAM Global propone una pregunta de fondo: ¿para quién se transforma el espacio urbano? La respuesta no es sencilla, porque la mejora de un barrio puede significar, simultáneamente, una oportunidad económica y un riesgo de exclusión para quienes ya vivían ahí. Por eso, la autora pide políticas de armonización que tomen en cuenta a todos los afectados, en lugar de asumir que toda renovación urbana es, por definición, un beneficio compartido.

Por qué importa en la CDMX

La relevancia del tema en la capital mexicana también se explica por el peso que tiene el mercado de vivienda y renta en la vida cotidiana de sus habitantes. Aunque el artículo de UNAM Global no presenta una medición oficial propia, sí conecta el debate con problemas ampliamente discutidos en la ciudad: aumento de precios, presión sobre colonias centrales, disputa por el espacio público y tensiones entre modernización y permanencia vecinal.

En ese contexto, la gentrificación aparece no como una etiqueta única para cualquier cambio urbano, sino como una herramienta para analizar quién se beneficia de la transformación de la ciudad y quién paga sus costos. Esa distinción, apunta el texto, es indispensable para evitar que el debate público reduzca el fenómeno a una consigna o a una simple moda.

Para UNAM Global, la discusión en torno a la gentrificación en la CDMX sigue abierta porque involucra decisiones sobre vivienda, uso del suelo, conservación patrimonial, comercio local y acceso a la ciudad. Más que una batalla entre “progreso” o “desplazamiento”, la publicación sugiere mirar el proceso como una disputa por el tipo de ciudad que se construye y por las personas que quedan dentro o fuera de esa transformación.

Fuentes consultadas

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