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Investigadores ponen bajo la lupa la posible relación entre la sobreexplotación del agua y los microsismos en la CDMX

Vista aérea de Ciudad de México mostrando el paisaje urbano durante un atardecer vibrante.

Foto ilustrativa de Fernando Paleta en Pexels.

En la Ciudad de México, una de las preguntas que volvió a ganar espacio en el debate público en marzo de 2024 fue si la sobreexplotación del agua subterránea puede estar relacionada con los microsismos que se han sentido en distintas zonas de la capital. El tema fue retomado por Aristegui Noticias el 26 de marzo, a partir de declaraciones de investigadores que pusieron el foco en el hundimiento del suelo, las fallas del subsuelo y la extracción intensiva de agua como factores que podrían contribuir a estos movimientos de baja magnitud.

La publicación original recuperó una inquietud que ya circulaba entre académicos y autoridades: en una ciudad asentada sobre antiguos sedimentos lacustres, la extracción de agua ha provocado durante décadas subsidencia, es decir, hundimiento gradual del terreno. De acuerdo con la UNAM, ese proceso debilita la superficie y puede volverla más vulnerable a deformaciones y rupturas. Esa relación entre hundimiento y fragilidad del suelo ha sido documentada por investigadores universitarios en distintos foros y materiales de divulgación.

La hipótesis no parte de cero. En febrero y marzo de 2024, distintos especialistas de la UNAM y de otros espacios académicos ya habían señalado que la extracción de agua subterránea podría influir en el comportamiento del subsuelo en la capital. En una nota de La Jornada publicada el 29 de febrero de 2024, el investigador Fernando González Villarreal afirmó que la sobreexplotación del agua subterránea puede generar esfuerzos que faciliten la aparición de grietas y que podría ser una de las causas de los microsismos en la ciudad. Esa versión fue recogida también por otros medios especializados y por materiales de divulgación universitaria.

La UNAM, sin embargo, ha matizado la discusión. En materiales publicados por Gaceta UNAM y UNAM Global, investigadores del Instituto de Geofísica explicaron que los microsismos en la capital se entienden mejor como resultado de un sistema de fallas activas en la zona poniente, donde interactúan estructuras geológicas como la falla Barranca del Muerto y la falla Mixcoac. En un texto de Gaceta UNAM sobre el origen de los microsismos, Luis Quintanar Robles subrayó que estos sismos pequeños no provienen de una sola falla sino de un sistema de fallas. En otro material, la propia UNAM señaló que la extracción de agua subterránea aparece como una hipótesis posible, pero no como una explicación cerrada.

Ese matiz es importante porque, al menos hasta marzo de 2024, no existía una conclusión única sobre el fenómeno. Las investigaciones universitarias sugerían que el comportamiento del subsuelo en el poniente de la ciudad responde a una combinación de factores: geología local, fallas activas, subsidencia asociada a la extracción de agua y, en algunos casos, sismos lentos que pueden inducir microsismicidad. En otras palabras, la sobreexplotación del acuífero no se presentaba como una causa aislada ni definitiva, sino como una pieza dentro de un rompecabezas más amplio.

La gravedad del problema hídrico en la capital ayuda a entender por qué esa hipótesis resulta relevante. La UNAM ha advertido en distintas publicaciones que la extracción de agua en la Ciudad de México, especialmente a profundidades de entre 100 y 300 metros, ha provocado hundimiento del terreno durante décadas. Ese fenómeno, según especialistas de la universidad, aumenta la vulnerabilidad de la urbe y está vinculado con procesos de fracturamiento y deformación del subsuelo. En ese contexto, los microsismos se observan como una expresión más de la tensión geológica de la zona.

También hay antecedentes institucionales en el Congreso de la Ciudad de México. En documentos difundidos por el propio órgano legislativo, legisladores citaron estudios preliminares y mencionaron registros de microsismos en periodos recientes, así como la necesidad de revisar la relación entre fallas geológicas y sobreexplotación de mantos acuíferos. Esos planteamientos no resolvían la discusión, pero reflejaban que el asunto ya formaba parte del debate técnico y político de la capital.

La nota de Aristegui Noticias se inscribe, por tanto, en una línea de cobertura que mezcla dos problemas estructurales de la CDMX: la crisis del agua y la sismicidad superficial. La pregunta de fondo no es solo si el agua “provoca” microsismos, sino hasta qué punto la extracción intensiva modifica el subsuelo y contribuye a que determinadas fallas se activen con mayor facilidad. Hasta la fecha de la publicación original, la respuesta de los especialistas era prudente: existe una hipótesis con sustento geológico e hidrológico, pero todavía requiere estudios más amplios para determinar su peso real frente a otras causas.

Por eso, en marzo de 2024, la discusión científica no apuntaba a un culpable único, sino a la necesidad de integrar datos de geofísica, hidrogeología y monitoreo urbano. En una ciudad donde la sobreexplotación del agua y el hundimiento del suelo son problemas ampliamente documentados, los microsismos se convirtieron en una señal más de la fragilidad del territorio y de la complejidad de explicar un fenómeno que sigue bajo observación académica.

Fuentes consultadas


Imagen ilustrativa. Foto de Fernando Paleta en Pexels.

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