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Hogares con menor bienestar en CDMX enfrentan brechas en internet, dispositivos y acceso a la cultura: estudio de la IBERO

Los hogares de la Ciudad de México con menores niveles de bienestar enfrentan desventajas que van más allá del empleo, el ingreso y la vivienda. Un estudio difundido por la Universidad Iberoamericana (IBERO) identifica brechas en el acceso a internet, dispositivos tecnológicos, actividades culturales, servicios de salud, alimentación, descanso y condiciones de seguridad.

La investigación, encabezada por Graciela Teruel Belismelis, directora de la División de Estudios Sociales de la IBERO, y Óscar A. Martínez-Martínez, académico del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (Equide), plantea que el bienestar social debe analizarse como una combinación de condiciones materiales, percepciones personales y características del entorno comunitario.

De acuerdo con la información divulgada por la universidad, el análisis se basó en una Encuesta de Bienestar Social Multidimensional 2024 aplicada a 400 hogares y con representación de las 16 alcaldías de la capital. Las personas investigadoras clasificaron a los hogares en cuatro grupos: 42.23% presentó un nivel de bienestar alto; 34.34%, muy alto; 20.41%, medio, y 3.02%, bajo.

La conectividad no elimina las desigualdades internas

El estudio reporta que los hogares ubicados en los niveles bajo y medio de bienestar tienen mayores carencias en acceso a servicios básicos, seguridad social, atención médica, internet y dispositivos tecnológicos. Estas limitaciones pueden restringir las oportunidades de estudio, empleo, comunicación y acceso a información, además de reforzar otras formas de exclusión.

El resultado debe leerse con una precisión importante: la Ciudad de México destaca a nivel nacional por su conectividad promedio, pero esa ventaja agregada no significa que todos los hogares tengan las mismas posibilidades de aprovecharla. La Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2024, elaborada por el INEGI y el Instituto Federal de Telecomunicaciones, registró que 84.4% de los hogares capitalinos contaba con internet, uno de los porcentajes más altos del país.

Sin embargo, ese indicador mide la disponibilidad del servicio en el conjunto de los hogares de la entidad, no las diferencias por bienestar social, ingreso, condiciones habitacionales o tiempo disponible. La investigación de la IBERO aporta justamente esa perspectiva: aun en una ciudad con amplia infraestructura digital, la conectividad y la posesión de equipos no se distribuyen de forma homogénea.

La ENDUTIH también informó que 38% de los hogares de la Ciudad de México disponía de al menos un dispositivo inteligente conectado a internet o a una red local durante 2024. El dato ilustra la expansión tecnológica en la capital, aunque no sustituye la medición del estudio universitario sobre las brechas entre los distintos grupos de bienestar.

Cultura y descanso, componentes desiguales del bienestar

El acceso a actividades culturales y recreativas aparece como otra de las dimensiones con disparidades relevantes. Según la IBERO, los hogares con bienestar más alto tienen mayores posibilidades de asistir a este tipo de actividades, mientras que aquellos con menores niveles enfrentan obstáculos asociados con costos, distancias y falta de tiempo.

La disponibilidad de tiempo libre también tuvo un comportamiento desigual. Los grupos con bienestar bajo, medio y alto mostraron contribuciones reducidas de este indicador, mientras que el segmento de bienestar muy alto registró una aportación mayor. El comunicado universitario señala que jornadas laborales extensas, traslados y labores de cuidado no remuneradas pueden limitar el descanso, la convivencia y las actividades recreativas.

La relevancia de estas variables radica en que el estudio no reduce la calidad de vida a la capacidad de consumo. Tener empleo o vivienda es indispensable, pero no necesariamente asegura satisfacción con la vida, salud emocional, seguridad, relaciones comunitarias o posibilidades reales de usar los servicios y espacios disponibles en la ciudad.

Alimentación, salud mental y seguridad se acumulan

Entre las diferencias detectadas, la seguridad alimentaria fue una de las más marcadas. La IBERO reportó que su contribución al bienestar de los hogares clasificados en el nivel muy alto fue casi diez veces mayor que en el grupo de bienestar bajo. En el caso del ingreso, la aportación al índice fue aproximadamente tres veces superior en el segmento con mayor bienestar.

La investigación también encontró que los hogares con menor bienestar concentraron mayores afectaciones relacionadas con depresión y ansiedad, así como menor satisfacción con su situación económica, salud, vínculos personales, logros y lugar de residencia. Estos resultados describen asociaciones entre condiciones sociales y respuestas reportadas en la encuesta; no permiten establecer por sí solos que una carencia específica cause un trastorno de salud mental.

En el plano comunitario, los hogares con menor bienestar presentaron una mayor exposición a delitos, mientras que la percepción de inseguridad se mantuvo elevada entre una parte amplia de la población, de acuerdo con el reporte de la universidad. También se identificaron bajos niveles de cohesión social, expresados en confianza limitada en las instituciones, poco apoyo vecinal y reducida disposición para resolver problemas locales de manera colectiva.

Un enfoque para medir carencias interconectadas

La propuesta de las y los autores consiste en observar cómo se relacionan las condiciones objetivas —como empleo, ingreso, vivienda, educación o alimentación— con la valoración que las personas hacen de su propia vida y con las características de las comunidades donde habitan. Bajo ese enfoque, las desventajas pueden acumularse en un mismo hogar: precariedad laboral, dificultades alimentarias, menor acceso a servicios, malestar emocional e inseguridad no son fenómenos necesariamente aislados.

El Consejo de Evaluación de la Ciudad de México (Evalúa CDMX) también reconoce una aproximación multidimensional al medir condiciones sociales. Su encuesta de 2024 tiene como objetivo generar información sobre acceso a derechos y dimensiones como vivienda, alimentación, educación, salud, seguridad social, movilidad y tiempo libre. La coincidencia metodológica subraya que el bienestar urbano requiere indicadores más amplios que el ingreso monetario.

Para la Ciudad de México, el estudio de la IBERO plantea un desafío de política pública: ampliar la infraestructura o los servicios no garantiza por sí mismo que la población pueda acceder a ellos en igualdad de condiciones. La conectividad, la cultura, el descanso, la atención a la salud mental y la seguridad requieren medidas que consideren las diferencias territoriales, económicas y de cuidado que atraviesan la vida cotidiana de los hogares.

Fuentes consultadas


Imagen ilustrativa. Foto de Fernando Paleta en Pexels.

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